miércoles, 23 de agosto de 2017

1936. 23 de agosto.

      Gabriela seguía en alta mar, viajando hacia Canadá, posiblemente a bordo del L'Ille de France. Cualquier ocasión o circunstancia podía ser aprovechada para dirigirse a Cristo, el cual, en muchas ocasiones, se manifestaba de forma especial respondiendo a sus preguntas... Seguimos con el diario, el mismo día:


DIARIO         ***
Punto 2. 23 de agosto. Se arregló el piano en forma de altar. Yo pensaba en las gaviotas, en los aviones que aterrizan en algunos barcos. Él me dijo: "Por esta vez, el que viene es Cristo". 

REFLEXIÓN Y COMENTARIO            ***
Son tan frecuentes nuestras distracciones que rara vez pensamos en que, a Dios, nada se le escapa. Y en esta ocasión, con una buena dosis de humor, Jesús se lo recordó a Gabriela. Continúa el diario con otra nota del mismo día:

DIARIO             ***
Punto 3. Yo decía, viendo la agitación del mar: "Señor, Tú sabes que todo esto lo hago por Ti; entonces, ¿para qué Te lo digo?" Él: "Es necesario que Me lo digas, porque a Mi Me gusta oírlo. Dímelo con frecuencia. ¿No es verdad que cuando tú sabes que alguien te quiere te gusta que te lo diga?”
  
REFLEXIÓN Y COMENTARIO         ***
     Será frecuente encontrar a lo largo del diario la insistencia de Jesús en una búsqueda permanente de diálogo con Él. Irá animando una y otra vez a Gabriela a permanecer atenta a Él, a no faltar a sus  encuentros   habituales, a ir tendiendo más y más al diálogo continuado en una forma de vida "a dos". Y, a partir de nuestra lectura del diario, eso mismo espera de nosotros...



Resultado de imagen de diálogo con Cristo
© imagen tomada de www.imagenzac.com.mx

PRÓXIMA PUBLICACIÓN DEL DIARIO: 2 de Septiembre de 2017





martes, 22 de agosto de 2017

1936. 22 de agosto.

      Por fin damos inicio a las publicaciones conteniendo el diario de Gabriela. Hoy, celebrando a María Reina, encomendamos este blog a su cuidado; la Dispensadora de Gracias sabrá dar el cuidado maternal a los que se acerquen por aquí a conocer las palabras que su Hijo dio a Gabriela.
Como bien indicamos en nuestro capítulo introductorio (aquí), iremos publicando cada entrada haciéndola coincidir con la fecha de publicación del diario, semana tras semana.
     No sabemos en qué momento el Señor le pidió a Gabriela que pusiera por escrito sus conversaciones a modo de diario, pero es muy probable que en la quietud de un viaje por mar ella accediese de buen agrado a Su petición.
     Nuestra protagonista se hallaba a bordo de un buque de pasajeros con destino a Canadá, donde tenía previsto llevar a cabo algunas representaciones teatrales. Un viaje prolongado como lo era éste,  ofrecería frecuentes momentos de calma y reflexión, aunque no parece que ello fuese un requisito imprescindible para que ella y Él pudiesen dialogar a gusto.

      Iniciamos así la lectura del diario, en un día tal y como hoy, surcando los mares allá por 1936. Dice así el primer punto:


                                             
DIARIO
       ***
Punto 1. 22 de agosto 1936. En un buque. Durante el concierto clásico yo Le ofrecía, como en gavillas, los sonidos con su dulzura. Él me dijo suavemente, como lo había hecho otra vez: "Hija Mía, Mi pequeñita"
                                                              ***


REFLEXIÓN Y COMENTARIO

     Siempre me ha llamado la atención la forma que tiene Jesús de dirigirse a Gabriela, no solamente por la familiaridad con ella, sino porque se intuye, por el vocabulario empleado, que el Señor contempla a su hija como una niña pequeñita, tal y como Dios nos ve a todos, por muy mayores que seamos. Al comienzo del diario Gabriela rondaba ya los 60 años, y de ahí en adelante, como todos, seguiría envejeciendo, pero por la forma en la que Jesús le hablaba, muchas veces la imaginación me lleva a pensar que nuestra escritora era una joven muchacha. Ya veréis, os pasará a todos.
     En cuanto a las palabras de hoy, ¿os imagináis la dulzura empleada por Gabriela en un ambiente tan agradable? ...y ¿cómo sería la entonación de Jesús diciendo "Hija Mía, Mi pequeñita"?...



Gabriela en la popa de uno de los cruceros en los que viajó, probablemente el Ille de France. 


PRÓXIMA PUBLICACIÓN DEL DIARIO: 23 de Agosto de 2017.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Notas al lector

     Conviene tener presentes las siguientes notas de cara a una mejor y más provechosa lectura:

1. En la edición francesa de LUI ET MOI, fuente de esta traducción, no se da la cronología sino parcialmente. Aparecen en los siete tomos, coloquios escritos por Gabriela Bossis con fecha completa, seguidos por otros que la tienen incompleta o que no tienen ninguna. Paraesta cronología  se tomaron como base los coloquios con fechas completas, sin mover de lugar los que les siguen.
Es posible que algún coloquio no esté exactamente en el sitio correspondiente a los ''cuadernos" manuscritos originales de la escritora, ya que no se podía contar con ellos para rectificar. Tratándose de palabras de "valor intemporal", en la expresión del traductor, un error de colocación no es de tanta importancia, lo que se ha cuidado minuciosamente es que no exista ninguna omisión.
 2. La edición francesa trae en el primer tomo los prefacios de Monseñor Villepelet, del P. Lebreton y del P. Parvillez, y en el segundo, el de Daniel Rops. En este libro se han colocado todos al principio, precedidos de la "Nota del Traductor" del P. Antonio Brambila, conservando íntegros sus textos que el lector aprovechará tanto como pruebas de autenticidad, como por sus enseñanzas teológicas.
 3. En esta edición cronológica, se encontrarán escritos con mayúscula A) los sustantivos, pronombres y posesivos que se refieren a Dios, Sus Atributos, Sus Misterios, así como Su Pertenencia sobre las criaturas cuando ésta se explicita; B) las tres Virtudes teologales y la palabra Gracia; C) las palabras Tierra y Mundo; D) las palabras Gloria, Cielo o sus equivalentes, y E) la primera persona del verbo ser cuando la pronuncia el Señor hablando de Sí mismo. Los criterios para proceder así, en aparente abuso ortográfico, son los siguientes:
 A) En cuanto a sustantivos, posesivos y pronombres (exceptuando los que están insertos en otra palabra):
        a) El libro original, presenta así el uso de las mayúsculas en general.
        b) El Traductor escribe así por adoración y reverencia al Señor, y por el uso corriente en la lengua italiana a la que está habituado.
        c) La razón fundamental es que Jesús mismo aprueba y pide a Gabriela que así sea hecho en el coloquio del 6 de mayo de 1939.
 B) En cuanto a las Virtudes teologales y la palabra Gracia se generalizó la presentación porque: 
         a) Gabriela las escribe con mayúsculas en múltiples ocasiones.
         b) Son virtudes y realidades espirituales que sólo existen en las almas como Dones Divinos, y se ha querido subrayar su origen e importancia.
 C) En cuanto a las palabras Tierra y Mundo, cuando significan el planeta o cuando ésta última expresa en alguna forma la universalidad del pecado.
D) En cuanto a las palabras Gloria, Cielo y equivalentes:
        a) Estos vocablos están escritos con mayúsculas con gran frecuencia en el original. 
        b) También se generalizó este uso enfatizando su significado trascendente.
 E) En cuanto a la primera persona del presente de indicativo del verbo ser, pronunciada por Jesús y referida a Sí mismo, la mayúscula ha sido usada para expresar la plenitud de la Esencia Divina, en continuidad al pasaje bíblico en que Dios revela su Identidad a Moisés, expresión con una esencia única en todo el Antiguo Testamento y que únicamente aparece en Boca de Dios. Cuando Jesús habla de Su Persona y sólo entonces, habla como el Padre en el Antiguo Testamento.



      Portada de una de las ediciones del diario, mostrando una imagen de Gabriela en el día de su Primera Comunión.

sábado, 12 de agosto de 2017

Prólogo de Monseñor Villepellet, obispo de Nantes.

     Como indiqué en la entrada 1 del blog, soy muy escrupuloso con el asunto de las aprobaciones eclesiásticas en todo lo relacionado con las revelaciones privadas, especialmente en una época en la que parece que salen dos o tres videntes por barrio cada poco tiempo...

     El caso que nos ocupa es especialmente singular porque la aprobación del diario se obtuvo estando aún Gabriela en vida, de hecho, precisamente por ello se trataba de un primer tomo que recogía una serie de años, editándose el segundo libro tras fallecer ésta. El responsable de tal aprobación y consiguiente autorización fue monseñor Jean-Joseph Villepelet, quien fuera obispo de Nantes (Francia), desde 1936 hasta 1966.


     Es por esto, y por hallarse incluido en la primera edición impresa del diario,  que me satisface enormemente poder transcribir aquí el exquisito prólogo redactado por Monseñor Villepet. Intuitivamente preciso, sabiamente iluminado, monseñor ha redactado el prólogo perfecto que yo nunca hubiese sido capaz de escribir; de modo que copio, y dejo que el lector se deleite:

     "Durante cosa de medio siglo han venido circulando varias publicaciones de "diarios íntimos". Casi se podría pensar en algo así como una nueva “invasión de los místicos”, según la expresión del Abbé Bremond.
Podríamos citar, entre los más conocidos, los escritos de Lucía Cristina, los de la Madre Luisa Claret de la Touche, los de Sor Isabel de la Trinidad, los de Sor Anselma, los de Elisabeth Leseur, los de Sor Josefa Menéndez, así como las páginas reunidas bajo el título "Cum clamore Valido", sin olvidarnos del más célebre de todos esos escritos, la "Historia de un alma" de Santa Teresa del Niño Jesús.
 Con todo esto, ¿será oportuno añadir todavía otro "Diario Intimo", que no lleva otra indicación fuera del título, breve y expresivo, de ÉL Y YO?
 Lo que distingue a ÉL Y YO de todos esos libros hermanos, es que su autora no parece vivir entre los muros de un claustro ni llevar una vida sedentaria, ni siquiera la vida quieta de una madre de familia entregada a su hogar. Los horizontes de este libro no son algo así como el ámbito de un pequeño jardín cerrado, sino que las notas espirituales se van como regando a través del mundo entero. Se trata de las notas espirituales de una mujer de mundo. Por todos los caminos de Francia, y más allá aún, desde Montreal a Argel, de Roma a Quebec, de Kairuam a Palerma; a bordo de un ferrocarril o en barco o en carro; lo mismo en el metro que en el teatro, Él, el Divino Compañero, se hace presente de continuo a un alma atenta que se recoge y escucha, y esto no obstante las mil distracciones a que se ve continuamente expuesta. Si, como lo dice la Imitación de Cristo, “los que viajan mucho rara vez se santifican”, la conversación entre ÉL Y YO es una excepción a la regla.
 Esta es la razón de que para nuestros contemporáneos, que viven en el seno de  una civilización complicada y enemiga del recogimiento, mediante estas páginas alcancen el valor de un verdadero "testimonio", ya que demuestran que no es en manera alguna imposible mantenerse en el sentimiento de la presencia de Dios en toda clase de situaciones.
 Porque de hecho, todo debería servir como un escalón para subir hasta Dios. Nos vienen a la mente los deliciosos actos de un Olier en su "Jornada Cristiana" para todas las circunstancias de la vida: "Cuando uno sale el campo, cuando ve el sol, la tierra, las hierbas y las flores y los frutos; o cuando se oyen cantar los pájaros o se ve obligado a bajar de una carroza." No es probable que la autora de ÉL Y YO haya nunca conocido los escritos de Olier, y sin embargo, los toma por su propia cuenta y a su manera; multiplica las observaciones, y las lanza rumbo al cielo como flechas. En su vida agitada y errante, la autora sabe detenerse ante humildes paisajes para descifrar en ellos las huellas de la Sabiduría, la Potencia y la Bondad De Dios; una gaviota que vuela por encima de un navío, los geranios en un jardín, rosas que se marchitan, incluso los escalones desgastados de una vieja escalera: todo lleva en sí un mensaje divino para quien sabe escucharlo. Este hábito de percibir lo Invisible en lo visible es precisamente lo que los autores espirituales llaman "la oración continua", la plegaria del corazón; “constante disposición de amor de Dios”, según el decir del Padre Grou, “de confianza en Él, de una sumisión a su Voluntad en todos los acontecimientos de la vida; atención continua a la Voz de Dios que se hace oír en el fondo de la conciencia y nos sugiere sin cesar pensamientos de bondad y perfección; una disposición en que deben estar todos los cristianos, disposición en la que se han encontrado todos los santos, y que viene a ser como la médula de la vida interior...”
Ahora bien, es esta disposición lo que ÉL Y YO nos presenta y nos induce a adquirir en términos de lo más felices, y en un lenguaje admirablemente adaptado a las tendencias espirituales de hoy. Muchos de los Dirigentes de Acción Católica, de esos que encuentran siempre difícil asociar la contemplación de María con las actividades de Marta (aunque bien comprenden el sentido de “lo único necesario” como la condición indispensable de todo apostolado fecundo), encontrarán la familiaridad con Dios en estas páginas ardientes; y mediante ellas podrán a su vez contribuir a que se haga verdad una bella palabra de la Beata Angela de Foligno, cuando dijo que “un alma que vive contenta en Dios repone en sus Manos el Orden Universal.”

viernes, 4 de agosto de 2017

Traducción al castellano del diario "Él y yo" y nota introductoria.


     Como herramienta fundamental en este blog he querido valerme de una versión traducida al castellano del diario de Gabriela Bossis fechada en 1977. Fue realizada por el sacerdote y Dr. don Antonio Brambila, y cuenta dicha edición con imprimatur del obispo de la diócesis de México en aquel entonces, don Francisco Orozco.
     Considero que el padre Brambila hiizo un gran trabajo al partir del original francés impreso en 1957, pero es posible que algunos detalles sean matizados en mi transcripción al blog, más que nada por las particularidades de algunos términos y tiempos verbales empleados, habituales en lugares de habla latina, que aquí serían corregidos por un castellano cercano al acostumbrado en España.

      Dr. Antonio Brambila Zamacona, asesor teológico del Centro Mexicano de Sindonología, en una fotografía de 1985. C@ shroud.com

      Además de la valiosa aportaciòn del padre Antonio B., su espléndido trabajo viene precedido por una nota introductoria que no tiene desperdicio, y que he considerado del todo necesario incluir aquí. Dicha nota dice así:

"Tiempos hubo en los que los libros místicos eran considerados frecuentemente como "escritos de segunda" clase por los teólogos, como libros útiles más bien para la edificación personal de la piedad que para ayuda en la especulación teológica. Todos admitían en abstracto, como noción válida, la de "revelaciones privadas", cuando Roma las acepta; pero en concreto, la actitud general era la de un mal disimulado menosprecio. 
      Pero ahora tenemos en el firmamento eclesiástico a dos nuevas luminarias que veneramos no solamente como a santas, que eso ya era de antes, sino también como Doctoras de la Iglesia. A Santa Teresa de Avila y a Santa Catalina de Siena podemos leerlas con la misma actitud espiritual y mental con que leemos a San Agustín. Ninguna de las dos fue universitaria, ni supo lo que supo por el camino de la cultura. Una y otra pudieron decir lo que San Pablo: que su Evangelio lo recibió, "no de mano de hombres, sino por revelación de Jesucristo." (Gal 1, 12). Este "Doctorado" de dos místicas eminentes nos permite entender mejor lo que el Vaticano II quería decir, cuando en el número ocho de su Constitución Dei Verbum dijo que la Iglesia 'No se limita a predicar lo que oyó desde el principio, sino que predica también lo que Ella misma es, lo que llega a conocer por el estudio y la contemplación de los cristianos, por su experiencia vital. " La autoridad de los Doctores De la Iglesia no es otra, en el fondo, que la autoridad de la Iglesia que los declara tales. Las experiencias de los místicos son experiencias de la Iglesia misma, que no las tiene, ciertamente, como experiencia colectiva, pero sí como experiencia vital. Por los escritos de los místicos habla la Iglesia como de cosa suya.
      A Santa Teresa la saludábamos ya desde antiguo con el nombre de "Doctora Mística", pero no había en ello nada, fuera de la opinión particular de muchos sobre la significación de sus escritos. Ahora habla la Iglesia misma, cuando le confiere, juntamente con su par de Siena, el título de Doctora de la Iglesia, que es como decir, Maestra de los Teólogos, y no solamente autora de libros de piedad. Entonces, una visión integral de la vida cristiana no se tiene sino cuando, por la Teología Dogmática, se sabe lo que Dios dijo sobre lo que es la esencia de la vida cristiana y se sabe también cómo hace en concreto lo que prometió para santificar a sus hijos. Un teólogo buen conocedor de la Dogmática, pero insuficiente en Mística y desconocedor de la Hagiografía, es, sin más, y sin restarle méritos, un teólogo a medias.
En las revelaciones privadas hay siempre algún peligro de que quien las recibe, las distorsione al transmitirlas. Este peligro es máximo en las revelaciones que se producen a nivel imaginativo, como las de María de Agreda en su "'Mística Ciudad de Dios", cuyas fantasías e incongruencias determinaron el sobreseimiento definitivo, en el pasado siglo, de su proceso de beatificación; o como las de Ana Catalina Emmerich, que detuvieron también su proceso; aunque tras de un siglo de comprobar los inmensos beneficios espirituales de su lectura en todo el mundo cristiano, la Sagrada Congregación para la Fe dio en 1973 de nuevo luz verde para la reanudación del Proceso. 
Mucho menor es el peligro de infidelidad o distorsión en las divinas comunicaciones que se dan a nivel de la inteligencia pura, muy más allá de las palabras e imágenes. La dificultad está entonces más bien en cómo expresar con palabras del humano lenguaje, percepciones que se tuvieron en un nivel de intelección totalmente distinto y muy superior al que nos es natural y ordinario. Por eso los escritos de las dos santas Doctoras no tropezaron con las dificultades de María de Agreda y Ana Catalina Emmerich, pues se leyeron desde el principio con confianza y utilidad manifiesta.
Tienes ahora entre manos, lector, un libro escrito en el siglo XX; como si dijéramos para mí, para ti y para todos, no en la línea de las visiones imaginarias, sino en la mucho más segura línea de Santa Teresa y Santa Catalina. Contiene un encendido Mensaje de Amor y de ilimitada confianza en un Dios que nos ama infinitamente. Son palabras directas de Cristo (bien podemos pensarlo así), que no tienen ciertamente la dignidad y obligatoriedad del Evangelio, ni de los pronunciamientos dogmáticos de la Iglesia, pero le son en todo conformes y tienen un ardor y una luz de entendimiento que a la primera lectura saltan a la vista. En EL Y YO hay muchas cosas que no rebasan los límites de lo que una persona piadosa puede pensar por sí misma dada su educación y el tenor de su vida; pero hay otras tan elevadas y sorprendentes, que simplemente parece obvio asignarles una procedencia superior a lo que de sí podía dar una mujer como Gabriela Bossis.
Las ediciones francesas se sucedieron con rapidez. La que me ha servido para esta traducción es la aparecida en 1957. Las ediciones vienen presentadas por ilustres prologuistas: el tomo 1 contiene un prólogo y el Imprimatur canónico del entonces obispo de Nantes, Monseñor Villepellet, al que siguen, cada uno con prólogo propio, dos conocidos teólogos franceses, el P. Jules Lebreton, decano entonces del Instituto Católico de París en la Facultad de Teología, y otro del P. Alphonse de Parvillez, redactor de la Revista "Etudes" de los jesuitas de París. El tomo II nos lo presenta Daniel Rops de la Academia Francesa, célebre historiógrafo de la Iglesia. El libro está pues, bien presentado y bien apadrinado. Ahora se añade a eso el Imprimatur que el Sr. Obispo Auxiliar y Vicario General de la Arquidiócesis de México, Francisco Orozco, le concede a la edición castellana que he preparado.
 No hay pues imprudencia ninguna si se toma el título del libro con el valor que tienen naturalmente las palabras: EL Y YO; y no me cabe la menor duda de que el libro producirá en los lectores de habla española, los mismos efectos saludables que desde décadas viene produciendo en los de habla francesa.
 EL Y YO pertenece a una categoría de libros que la Iglesia nunca aprueba de manera directa y explícita como de divino origen: simplemente los vigila y los deja correr al amparo de un Imprimatur episcopal, que garantiza la ortodoxia del contenido y no va más allá. Si tú quieres tomar esas palabras como procedentes directamente de la boca de Cristo, puedes hacerlo sin imprudencia; si prefieres tomarlas solamente por lo que contienen en sí, tienes para ello toda tu libertad. Pero no dudo de que sentirás en más de una página, como por transparencia, una acción de Dios que te encamina poderosamente a amarlo más, como con tantos ha sucedido. Al fin y al cabo, lo que es bueno y hace bien viene siempre de Dios. No importa que dejemos en suspenso la cuestión especulativa de si esas palabras en concreto las pronunció real y físicamente Jesús para tal persona, en tal fecha y bajo tales o cuales circunstancias.
 Debo advertir que omití la traducción de una pequeña biografía que aparece en el sexto tomo bajo la firma de Mme Bouchaud. Aparte de un estilo demasiado femenino para mis gustos de traductor, encuentro que es un tanto subjetiva; se titula GABRIELA BOSSIS INTIMA, y más que un verdadero y propio bosquejo biográfico representa el intento de un alma por interpretar a otra. Yo habría preferido algo menos "íntimo" y más objetivo y circunstanciado para traducirlo. Tendrán pues los lectores de este libro que contentarse con las generalidades biográficas que se encuentran en la Introducción del P. de Parvillez, en el Prólogo de Daniel Rops y con algunos datos más, extraídos del texto mismo y de la biografa de Mme Bouchaud, y condensados en este libro en forma de apéndice.

 Cango. Dr. Antonio Brambila.