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miércoles, 16 de agosto de 2017

Notas al lector

     Conviene tener presentes las siguientes notas de cara a una mejor y más provechosa lectura:

1. En la edición francesa de LUI ET MOI, fuente de esta traducción, no se da la cronología sino parcialmente. Aparecen en los siete tomos, coloquios escritos por Gabriela Bossis con fecha completa, seguidos por otros que la tienen incompleta o que no tienen ninguna. Paraesta cronología  se tomaron como base los coloquios con fechas completas, sin mover de lugar los que les siguen.
Es posible que algún coloquio no esté exactamente en el sitio correspondiente a los ''cuadernos" manuscritos originales de la escritora, ya que no se podía contar con ellos para rectificar. Tratándose de palabras de "valor intemporal", en la expresión del traductor, un error de colocación no es de tanta importancia, lo que se ha cuidado minuciosamente es que no exista ninguna omisión.
 2. La edición francesa trae en el primer tomo los prefacios de Monseñor Villepelet, del P. Lebreton y del P. Parvillez, y en el segundo, el de Daniel Rops. En este libro se han colocado todos al principio, precedidos de la "Nota del Traductor" del P. Antonio Brambila, conservando íntegros sus textos que el lector aprovechará tanto como pruebas de autenticidad, como por sus enseñanzas teológicas.
 3. En esta edición cronológica, se encontrarán escritos con mayúscula A) los sustantivos, pronombres y posesivos que se refieren a Dios, Sus Atributos, Sus Misterios, así como Su Pertenencia sobre las criaturas cuando ésta se explicita; B) las tres Virtudes teologales y la palabra Gracia; C) las palabras Tierra y Mundo; D) las palabras Gloria, Cielo o sus equivalentes, y E) la primera persona del verbo ser cuando la pronuncia el Señor hablando de Sí mismo. Los criterios para proceder así, en aparente abuso ortográfico, son los siguientes:
 A) En cuanto a sustantivos, posesivos y pronombres (exceptuando los que están insertos en otra palabra):
        a) El libro original, presenta así el uso de las mayúsculas en general.
        b) El Traductor escribe así por adoración y reverencia al Señor, y por el uso corriente en la lengua italiana a la que está habituado.
        c) La razón fundamental es que Jesús mismo aprueba y pide a Gabriela que así sea hecho en el coloquio del 6 de mayo de 1939.
 B) En cuanto a las Virtudes teologales y la palabra Gracia se generalizó la presentación porque: 
         a) Gabriela las escribe con mayúsculas en múltiples ocasiones.
         b) Son virtudes y realidades espirituales que sólo existen en las almas como Dones Divinos, y se ha querido subrayar su origen e importancia.
 C) En cuanto a las palabras Tierra y Mundo, cuando significan el planeta o cuando ésta última expresa en alguna forma la universalidad del pecado.
D) En cuanto a las palabras Gloria, Cielo y equivalentes:
        a) Estos vocablos están escritos con mayúsculas con gran frecuencia en el original. 
        b) También se generalizó este uso enfatizando su significado trascendente.
 E) En cuanto a la primera persona del presente de indicativo del verbo ser, pronunciada por Jesús y referida a Sí mismo, la mayúscula ha sido usada para expresar la plenitud de la Esencia Divina, en continuidad al pasaje bíblico en que Dios revela su Identidad a Moisés, expresión con una esencia única en todo el Antiguo Testamento y que únicamente aparece en Boca de Dios. Cuando Jesús habla de Su Persona y sólo entonces, habla como el Padre en el Antiguo Testamento.



      Portada de una de las ediciones del diario, mostrando una imagen de Gabriela en el día de su Primera Comunión.

viernes, 4 de agosto de 2017

Traducción al castellano del diario "Él y yo" y nota introductoria.


     Como herramienta fundamental en este blog he querido valerme de una versión traducida al castellano del diario de Gabriela Bossis fechada en 1977. Fue realizada por el sacerdote y Dr. don Antonio Brambila, y cuenta dicha edición con imprimatur del obispo de la diócesis de México en aquel entonces, don Francisco Orozco.
     Considero que el padre Brambila hiizo un gran trabajo al partir del original francés impreso en 1957, pero es posible que algunos detalles sean matizados en mi transcripción al blog, más que nada por las particularidades de algunos términos y tiempos verbales empleados, habituales en lugares de habla latina, que aquí serían corregidos por un castellano cercano al acostumbrado en España.

      Dr. Antonio Brambila Zamacona, asesor teológico del Centro Mexicano de Sindonología, en una fotografía de 1985. C@ shroud.com

      Además de la valiosa aportaciòn del padre Antonio B., su espléndido trabajo viene precedido por una nota introductoria que no tiene desperdicio, y que he considerado del todo necesario incluir aquí. Dicha nota dice así:

"Tiempos hubo en los que los libros místicos eran considerados frecuentemente como "escritos de segunda" clase por los teólogos, como libros útiles más bien para la edificación personal de la piedad que para ayuda en la especulación teológica. Todos admitían en abstracto, como noción válida, la de "revelaciones privadas", cuando Roma las acepta; pero en concreto, la actitud general era la de un mal disimulado menosprecio. 
      Pero ahora tenemos en el firmamento eclesiástico a dos nuevas luminarias que veneramos no solamente como a santas, que eso ya era de antes, sino también como Doctoras de la Iglesia. A Santa Teresa de Avila y a Santa Catalina de Siena podemos leerlas con la misma actitud espiritual y mental con que leemos a San Agustín. Ninguna de las dos fue universitaria, ni supo lo que supo por el camino de la cultura. Una y otra pudieron decir lo que San Pablo: que su Evangelio lo recibió, "no de mano de hombres, sino por revelación de Jesucristo." (Gal 1, 12). Este "Doctorado" de dos místicas eminentes nos permite entender mejor lo que el Vaticano II quería decir, cuando en el número ocho de su Constitución Dei Verbum dijo que la Iglesia 'No se limita a predicar lo que oyó desde el principio, sino que predica también lo que Ella misma es, lo que llega a conocer por el estudio y la contemplación de los cristianos, por su experiencia vital. " La autoridad de los Doctores De la Iglesia no es otra, en el fondo, que la autoridad de la Iglesia que los declara tales. Las experiencias de los místicos son experiencias de la Iglesia misma, que no las tiene, ciertamente, como experiencia colectiva, pero sí como experiencia vital. Por los escritos de los místicos habla la Iglesia como de cosa suya.
      A Santa Teresa la saludábamos ya desde antiguo con el nombre de "Doctora Mística", pero no había en ello nada, fuera de la opinión particular de muchos sobre la significación de sus escritos. Ahora habla la Iglesia misma, cuando le confiere, juntamente con su par de Siena, el título de Doctora de la Iglesia, que es como decir, Maestra de los Teólogos, y no solamente autora de libros de piedad. Entonces, una visión integral de la vida cristiana no se tiene sino cuando, por la Teología Dogmática, se sabe lo que Dios dijo sobre lo que es la esencia de la vida cristiana y se sabe también cómo hace en concreto lo que prometió para santificar a sus hijos. Un teólogo buen conocedor de la Dogmática, pero insuficiente en Mística y desconocedor de la Hagiografía, es, sin más, y sin restarle méritos, un teólogo a medias.
En las revelaciones privadas hay siempre algún peligro de que quien las recibe, las distorsione al transmitirlas. Este peligro es máximo en las revelaciones que se producen a nivel imaginativo, como las de María de Agreda en su "'Mística Ciudad de Dios", cuyas fantasías e incongruencias determinaron el sobreseimiento definitivo, en el pasado siglo, de su proceso de beatificación; o como las de Ana Catalina Emmerich, que detuvieron también su proceso; aunque tras de un siglo de comprobar los inmensos beneficios espirituales de su lectura en todo el mundo cristiano, la Sagrada Congregación para la Fe dio en 1973 de nuevo luz verde para la reanudación del Proceso. 
Mucho menor es el peligro de infidelidad o distorsión en las divinas comunicaciones que se dan a nivel de la inteligencia pura, muy más allá de las palabras e imágenes. La dificultad está entonces más bien en cómo expresar con palabras del humano lenguaje, percepciones que se tuvieron en un nivel de intelección totalmente distinto y muy superior al que nos es natural y ordinario. Por eso los escritos de las dos santas Doctoras no tropezaron con las dificultades de María de Agreda y Ana Catalina Emmerich, pues se leyeron desde el principio con confianza y utilidad manifiesta.
Tienes ahora entre manos, lector, un libro escrito en el siglo XX; como si dijéramos para mí, para ti y para todos, no en la línea de las visiones imaginarias, sino en la mucho más segura línea de Santa Teresa y Santa Catalina. Contiene un encendido Mensaje de Amor y de ilimitada confianza en un Dios que nos ama infinitamente. Son palabras directas de Cristo (bien podemos pensarlo así), que no tienen ciertamente la dignidad y obligatoriedad del Evangelio, ni de los pronunciamientos dogmáticos de la Iglesia, pero le son en todo conformes y tienen un ardor y una luz de entendimiento que a la primera lectura saltan a la vista. En EL Y YO hay muchas cosas que no rebasan los límites de lo que una persona piadosa puede pensar por sí misma dada su educación y el tenor de su vida; pero hay otras tan elevadas y sorprendentes, que simplemente parece obvio asignarles una procedencia superior a lo que de sí podía dar una mujer como Gabriela Bossis.
Las ediciones francesas se sucedieron con rapidez. La que me ha servido para esta traducción es la aparecida en 1957. Las ediciones vienen presentadas por ilustres prologuistas: el tomo 1 contiene un prólogo y el Imprimatur canónico del entonces obispo de Nantes, Monseñor Villepellet, al que siguen, cada uno con prólogo propio, dos conocidos teólogos franceses, el P. Jules Lebreton, decano entonces del Instituto Católico de París en la Facultad de Teología, y otro del P. Alphonse de Parvillez, redactor de la Revista "Etudes" de los jesuitas de París. El tomo II nos lo presenta Daniel Rops de la Academia Francesa, célebre historiógrafo de la Iglesia. El libro está pues, bien presentado y bien apadrinado. Ahora se añade a eso el Imprimatur que el Sr. Obispo Auxiliar y Vicario General de la Arquidiócesis de México, Francisco Orozco, le concede a la edición castellana que he preparado.
 No hay pues imprudencia ninguna si se toma el título del libro con el valor que tienen naturalmente las palabras: EL Y YO; y no me cabe la menor duda de que el libro producirá en los lectores de habla española, los mismos efectos saludables que desde décadas viene produciendo en los de habla francesa.
 EL Y YO pertenece a una categoría de libros que la Iglesia nunca aprueba de manera directa y explícita como de divino origen: simplemente los vigila y los deja correr al amparo de un Imprimatur episcopal, que garantiza la ortodoxia del contenido y no va más allá. Si tú quieres tomar esas palabras como procedentes directamente de la boca de Cristo, puedes hacerlo sin imprudencia; si prefieres tomarlas solamente por lo que contienen en sí, tienes para ello toda tu libertad. Pero no dudo de que sentirás en más de una página, como por transparencia, una acción de Dios que te encamina poderosamente a amarlo más, como con tantos ha sucedido. Al fin y al cabo, lo que es bueno y hace bien viene siempre de Dios. No importa que dejemos en suspenso la cuestión especulativa de si esas palabras en concreto las pronunció real y físicamente Jesús para tal persona, en tal fecha y bajo tales o cuales circunstancias.
 Debo advertir que omití la traducción de una pequeña biografía que aparece en el sexto tomo bajo la firma de Mme Bouchaud. Aparte de un estilo demasiado femenino para mis gustos de traductor, encuentro que es un tanto subjetiva; se titula GABRIELA BOSSIS INTIMA, y más que un verdadero y propio bosquejo biográfico representa el intento de un alma por interpretar a otra. Yo habría preferido algo menos "íntimo" y más objetivo y circunstanciado para traducirlo. Tendrán pues los lectores de este libro que contentarse con las generalidades biográficas que se encuentran en la Introducción del P. de Parvillez, en el Prólogo de Daniel Rops y con algunos datos más, extraídos del texto mismo y de la biografa de Mme Bouchaud, y condensados en este libro en forma de apéndice.

 Cango. Dr. Antonio Brambila.


sábado, 22 de julio de 2017

Presentando una historia única...

     Salobreña (Granada), 22 de julio de 2017.

     En una preciosa terraza con vistas al mar me dispongo a dar inicio a este nuevo blog. Se trata de un diario (ese fue el primer uso que se le dio a los blogs), solo que en este caso, el diario no es mío. Se trata de un diario muy especial que me cautivó cuando lo leí por primera vez, hará unos 13 años, y desde entonces no ha dejado de acompañarme.
      Los que me conocen ya saben de mi necesidad por comunicar cosas, especialmente aquellas que me gustan (que son tantas......). Desde mi perspectiva es algo que se ha hecho consustancial a mi día a día, siendo muy difícil que pasen varios días sin que publique algo en mis varios blogs; y uno de mis capítulos pendientes era el diario de Gabriela Bossis, tan intenso y directamente dirigido a nuestras vidas, a la de cada uno de sus lectores, que merecía de por sí un blog exclusivo. Pero aquí se hace necesaria una introducción, cometido de toda esta entrada. Vamos a ello.
     

¿QUIÉN ES GABRIELA BOSSIS?
     En algunos sitios han descrito a Gabriela Bossis como mística y actriz, simplificando, tal vez demasiado, lo que esta señora fue, y dejando al margen la connotación más importante: ante todo Gabriela Bossis fue amiga íntima de Jesús de Nazaret, y procuró en su vida terrena vivir de la mejor manera posible esa estrecha unión con Dios. Sin embargo fueron esas dotes artísticas y su vida ajetreada y viajera, cosmopolita y soñadora, lo que más me atrajo a la hora de sumergirme es este diario tan especial.
     Doy por hecho que algunos de los que lleguen a este blog ya saben quién fue esta dama nacida en Francia y que vivió la mayor parte de su vida en los avatares diarios de la Europa de mitad del siglo XX. Fue dotada con un don especial mediante el cual podía percibir de forma sensible la Voz de Cristo, el cual le encargó que fuese poniendo por escrito las conversaciones que mantuvieron en sus últimos años de vida. Os dejo un enlace a otro de mis blogs en el que podéis encontrar una información mucho más detallada (aquí).

                           Gabriela en el salón de casa, en Le Fresne sur Loire.

EL OBJETIVO DE ESTE BLOG
      El fin de este blog es ofrecer una lectura sosegada del diario, con apuntes y comentarios personales, y ofreciendo la posibilidad de intervención del lector a través de los comentarios que se quieran enviar. 
     Para ello, transcribiremos el diario en el mismo orden cronológico y haciendo coincidir los días de publicación de las entradas con el calendario real. Así, la primera entrada sobre el diario se publicará el día 22 de agosto de 2017, coincidiendo con el inicio de este diario tan especial (previamente haremos algunas publicaciones con los interesantes prólogos que acompañaron a las primeras ediciones). La siguiente entrada del diario se publicará el día 23, al igual que la fecha que consta en "Él y yo". De esta forma iremos cubriendo las fechas en el mismo orden y año por año, lo que quiere decir que, si Dios así lo permite, la última entrada de este diario se publicará el 22 de mayo del 2031.


SOBRE LAS APROBACIONES ECLESIÁSTICAS
     En medio de un torbellino de visionarios y apariciones no probadas, concedo especial importancia a la opinión de la Iglesia Católica respecto a cualquiera de estos peculiares eventos, tanto es así, que considero muy importante transcribir todo lo que pueda encontrar respecto a la aprobación del diario de Gabriela Bossis. Para ello, me valdré de la valiosísima información contenida al respecto en la edición francesa de 1957 (a los pocos años de la muerte de Gabriela), donde los comentarios de destacados teólogos y obispos no dejan lugar a dudas sobre la autenticidad de los hechos.
     Además, dichos documentos suponen un valioso testimonio del impacto que causó la aparición de este diario, no solo por su contenido, sino por la pintoresca vida de su coautora. 

UN HERMOSO VIAJE DE CASI 15 AÑOS
     15 años suponen una buena fracción de una vida, por muy larga que esta sea. En el caso de Gabriela, de hecho, supone un tramo muy importante, desde la plenitud de talento y salud de la mediana edad, hasta la dificultad y fatiga de los últimos años. 
     En mi caso y en el de los lectores que quieran acompañarme, la edición del diario en este blog supondrá también un buen "trozo de vida", pero considero que una lectura así, sosegada y meditada con el mismo compás temporal del diario, supone una excelente forma de acompañar a Gabriela por sus andanzas por el mundo, y al mismo tiempo, una oportunidad única de dejarnos acompañar por ella (¡y por Él, claro!). Esto no quita que alguien quiera, lógicamente, adelantar días, haciendo la lectura completa del diario: pero aun así, siempre serán interesantes una o varias "relecturas" de la mano de este blog. Además, enriqueceremos las entradas con algunas imágenes de Gabriela o de los lugares descritos en el diario.

     Hasta cumplir esos casi 15 años, espero que disfrutéis del fascinante viaje que estamos a punto de comenzar. Bienvenidos, y gracias por acompañarme.


PREFACIO DE DANEIL ROPS

© foto tomada de infocatolica

     Como anticipo de lo que encontraréis en este apasionante viaje, os dejo a continuación el precioso prefacio del famoso novelista e historiador Daniel Rops. Toda una bella síntesis de la vida y obra de Gabriela.

Es una historia hermosa y sorprendente (historia de un alma también ella), la que nos cuentan los dos pequeños libros titulados ÉL Y YO. El primero apareció hace dos años y adquirió luego un círculo de lectores fervorosos. El segundo va a ser publicado, y no es menos rico ni menos conmovedor. Y ahora que el hecho de su muerte dispensa a la autora del secreto que su discreción le imponía cuando estaba viva, tenemos derecho a decir quién era el escritor anónimo (no decimos que "el autor", pronto veremos por qué), que había escrito esas páginas fulgurantes de amor sublime, esos pensamientos a menudo tan llenos de una verdad sobrenatural.
 Se llamaba Gabriela Bossis. Hacia el final de su existencia sobre la tierra, era una señorita de provincia de edad avanzada (había nacido en 1874), pero que, según el testimonio de cuantos la conocieron, había sabido conservar extraordinaria juventud de espíritu y comportamiento.
 De ordinario vivía en Nantes o en algún otro pequeño poblado a orillas del Loira. De ordinario, decimos, porque su vida había sido un poco trashumante por la más inesperada de las razones. Educada en un medio burgués (pues su padre había tenido, como en los buenos tiempos, la profesión de "propietario"), Gabriela Bossis, la última en una familia de cuatro hijos, había sido durante mucho tiempo una jovencita tímida, silenciosa y retraída, que prefería estar meditativa en un lugar solitario más bien que jugar con sus compañeros de edad. ¿Acaso comenzaba ella, ya desde entonces, a tener una experiencia extraordinaria que debía consumar su vida? En todo caso, fue necesario que tuviera una muy buena razón para rechazar todas las propuestas de matrimonio; y nada nos prohíbe pensar que dicha razón haya sido de un orden muy íntimo. Se dice también que poseía dones especiales para esas artes ornamentales a que se dedicaban nuestras abuelas: el bordado, la pintura, la iluminación, la música; e incluso (lo cual era más difícil) la escultura. Nada de esto rebasa las capacidades de muchas jóvenes de buena sociedad de los principios de este siglo, en los medios tradicionales de nuestras provincias francesas.
 Por casualidad descubrió Gabriela que poseía también otra capacidad poco frecuente: la de autor teatral. Escribió para un patronato de Anjou una de esas piezas que reúnen el buen gusto con la perfecta moralidad y que con frecuencia provocan sonrisas, pero que son mucho más difíciles de componer que de criticar. Como el experimento tuvo éxito, Gabriela compuso otras obras, muchas otras, y todas ellas merecieron la calurosa acogida y amistad de públicos crecientes. Y tanto fue así, que su notoriedad rebasó los límites de la provincia. Saliendo de Nantes y sus alrededores, Gabriela fue a montar personalmente sus obras en varias ciudades de Francia, y, más tarde, del extranjero, en Bélgica, Italia, Marruecos, aún en Canadá, y ¡hasta en Palestina! La gentil autora de obras para patronatos se convirtió en una gran viajera.
 Y fue en estas condiciones como siguió ella hasta el fin su experiencia interior. Viene a la mente una célebre frase de Berqson, cuando dijo que “los grandes místicos han sido por lo general hombres y mujeres de acción, dotados de un buen sentido superior.” Este decir se aplica perfectamente a Gabriela Bossis, porque, al mismo tiempo que representaba sainetes desde Kairouan hasta las Montañas Roca , vivia ella una vida espiritual extraordinariamente intensa. Como los más grandes místicos, habría ella podido repetir la palabra de San Pablo: "Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo el que vive en mí: "
 ¿Habré de confesarlo? El hecho es que me conmueve profundamente el admirable equilibrio entre una faceta que mira sonriente al público, consagrada a distraerlo honestamente, y otra faceta íntimamente consagrada a la contemplación. Ciertamente admiramos cual conviene, al místico que se encierra en su celda y metido en su cogulla, persevera en una experiencia ardua como ninguna otra; pero en fin, los religiosos y las religiosas para seguir a Dios apartan de su camino todos los obstáculos, por desgracia innumerables, que el mundo nos ofrece. Pero un hombre o una mujer al mismo tiempo humanamente cerca de nosotros y en condiciones semejantes a las nuestras, que llegue a elevarse basta la cima inaccesible en que Dios se revela a sus elegidos, es algo todavía mucho más admirable.
 Gabriela Bossis fue sin duda alguna una verdadera mística; y los dos tomitos de EL Y YO nos relatan, casi como una copia estenográfica, lo que ella recibió en el curso de una relación cara a cara con Jesucristo. Tales diarios íntimos no son raros. En nuestra época han aparecido varios de ellos, entre los cuales los hay muy extraordinarios, como el de Lucía Cristina, el de sor Josefa Menéndez, el de Isabel Leseur (tan patético en su simplicidad); esas páginas que fueron reunidas bajo el título de "Cum Clamore Valido"; y la famosa autobiografía de la amable Teresita del Niño Jesús de Lisieux, corona como una diadema todo este conjunto.
Ninguna de estas obras puede dejar indiferente a un cristiano. Porque el diálogo de un alma con Dios es al mismo tiempo único y ejemplar; para cada uno de los favorecidos con esos dones es algo exclusivo que se dirige a lo más íntimo del ser; pero todos los que leen lo por ellos escrito pueden oír en su propia alma el eco de las divinas palabras.
 Los textos de Gabriela Bossis se nos presentan como palabras de Jesús mismo escuchadas por la mística y puestas en seguida por escrito. ¿En qué medida podemos admitir que Cristo mismo haya hablado a esta persona de nuestro tiempo y que sus palabras contengan la verdad? Con frecuencia les sucede a los beneficiarios de esta clase de favores verse acometidos por la duda, y ellos se preguntan una y otra vez si no han sido juguetes del orgullo o de la propia imaginación. A esta pregunta que se hacía Gabriela, respondía la Voz Interior con admirable sabiduría: "¿Dudas de que sea Yo? Pues haz como si lo fuera." (25 de agosto de 1937). Y en otra ocasión: "Y aun cuando estas palabras salieran de tu propia naturaleza, ¿no soy Yo Quien creó esa naturaleza? ¿No tienes tú que referirlo todo a Mí?" (26 de agosto de 1940). Esta éra, a no dudarlo, la mejor de todas las respuestas.
Y es esto lo que crea una excelente impresión en el lector de estos textos y que se pregunta sobre el valor de esta experiencia. De Gabriela Bossis no se dijo nunca que haya tenido visiones, éxtasis, manifestaciones sorprendentes; no fue ni vidente ni estigmatizada. En apariencia nada la distinguía de cualquiera otra mujer ordinaria; era una amable señorita de avanzada edad que amaba la juventud, bailaba y representaba en el teatro, y que le sonreía a todo el mundo; y sin embargo, oía en su interior palabras que suenan con el sonido de la más altaverdad sobrenatural. Un auténtico eco de Cristo.
 Porque esa es la impresión que se tiene cuando se lee EL Y YO; como decían los primeros cristianos, en esa obrita se respira “el buen olor de Cristo”. Nada forzado ni excesivo; nada que violenta la naturaleza humana ni que la quiera llevar más allá de sus fuerzas. Cierto que hay allí un llamamiento repetido y fervoroso a la disciplina interior, a la ascesis, al esfuerzo por dominar el propio yo; pero permanece profundamente humano. En el segundo tomo, sobre todo, el alma mística, franqueados ya los primeros obstáculos para acercarse a Dios, da un sonido de plenitud simple y gozosa y de serenidad en el amor que en varios pasajes lo emparienta con las obras maestras de la literatura espiritual. El abate Bremond lo habría disfrutado enormemente. El que Cristo en persona haya hablado a esta alma, no lo puede asegurar por su propia autoridad ningún simple lector; una cosa es, sin embargo, segura: que esta alma vivió en Dios y que refleja sobre nosotros un poco de su Luz.
 Octubre de 1950.

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